¿De verdad elegistes ser un conejillo de indias?
Hoy, sin embargo, estamos en medio de una colosal revolución, de una transformación radical del paradigma de relaciones, y no está empujada desde abajo, desde las ideas, desde la voluntad, ni desde la conquista, sino desde el corazón de gigantes tecnológicos que han amasado un poder desmesurado, prácticamente imposible de controlar y que están decidiendo a base de probarnos como a conejillos de indias gratuitos para intervenir en nuestras interacciones e inclinarnos a una adicción, un consumo y unas ideas que afectan a nuestra autoestima y nuestra configuración como seres sociales. Estamos en el centro de un gran cambio, de una auténtica revolución, y somos ajenas a ello. Nuestra voluntad, principios y causas no cuentan.
Es la demoledora conclusión de un documental que debemos ver: El dilema de las redes, un trepidante desfile de arrepentidos que no procede precisamente de la Camorra ni de otras tramas mafiosas, sino de Facebook, Google, Pinterest y demás jaulas que nos tienen atrapados durante tantas horas al día. Lo dirige Jeff Orlowski y está en Netflix.
¿Acaso alguien eligió este modelo para la siguiente generación? ¿Acaso los padres han decidido que quieren para sus hijos un entorno adictivo en el que éstos no solo no pueden controlar y tener las riendas de sus relaciones y reacciones, sino que está diseñado para que el enganche continúe y se amplifique aunque te haga daño?
En toda la historia de la evolución humana, se dice en el documental, nunca dimos el salto que nos preparara para que 10.000 personas a la vez estén aprobando o rechazando nuestra imagen, nuestra foto, nuestro comentario. Nos hemos sometido al juicio no final, pero sí constante, y el tribunal no está cerca, no lo conocemos, nadie lo ha elegido, sino que es un infinito reguero de “usuarios” capaces de destruir, humillar y minar la autoestima de los más vulnerables. Nadie está libre. Las empresas citadas trabajan para engancharnos, para mantenernos activos en su interior, para ser influenciables y, crecientemente, para regalarnos la comida basura que mejor puede saciar nuestra rabia: las fake news. A base de colocar a cada “usuario” en la autopista directa a su verdad, le ciega el camino a otras versiones de la misma. La polarización, la ira, el odio que están generando están medidos y muestran un futuro poco esperanzador.
“Creamos un sistema que tiende a promover información falsa no porque queríamos hacerlo, sino porque esa información hace que las empresas ganen más dinero que con la verdad. La verdad es aburrida”, confiesa Sandy Parakilas, quien fue jefe de Operaciones de Facebook en 2012.
Queda mal cuerpo después de ver El dilema... Porque no es distopía, sino que está aquí. Pero háganlo.
Quién nos salvará de las redes sociales.
Estos días arrasa entre lo más visto de Netflix El dilema de las redes sociales, el documental de Jeff Orlowski sobre el peligro de las redes y el daño que están causando al mundo en general y a los individuos en particular. En los primeros cinco minutos se apunta de frente a la manipulación electoral, las fake news, la venta de datos personales, el espionaje tecnológico, el deterioro de la salud mental de los usuarios y el fin del mundo en general. Lo que viene después es la explicación de la distopía. No sabemos quiénes somos ni adónde vamos, pero sí cómo hemos llegado hasta aquí. Y para explicarlo Orlowski recurre a los creadores del sistema: exempleados arrepentidos de Google, Facebook, Instagram y demás gigantes del ramo.
Lo más curioso de este trabajo —que recomiendo a pesar de las pegas que voy a exponer— es que resulta tan manipulador como las redes que denuncia. De hecho, está construido con los mismos parámetros: mantener la atención, minimizar el pensamiento y endiosar la tecnología. En realidad, el documental no plantea ningún dilema, sino que viene a afirmar que la tecnología puede dominar y explicar el mundo. Por eso, la cinta es una sucesión de testimonios de gurús digitales y ex altos cargos en los campus tecnológicos más importantes del mundo. Porque la tesis oculta —y quizás inconsciente— es que los algoritmos y quienes los comprendan dominarán el mundo. Así que sus mentes superiores intentan explicarnos de manera sencilla (con un grafismo un poco bochornoso) por qué cerrar nuestros perfiles sociales es la mejor defensa contra el mundo que nos ataca. Más o menos.
En el documental no hay rastro de ningún pensamiento humanístico, no aparecen voces discordantes ni se presenta ambivalencia alguna. Porque esa es la manera de pensar de la tecnología: la persuasión constante. Persuasión que, paradójicamente, el documental denuncia tanto como encumbra. De modo que el data es nuevo, pero el debate, viejo. Como cuando decían que la televisión debía servir para educar a los espectadores, como si esa responsabilidad pudiera dejar de estar alguna vez en los maestros, los libros y las aulas. Como si el mundo lo creasen de verdad los algoritmos en vez de las personas.En un momento dado, un investigador demuestra con gráficos —la forma preferida de construir una forma de verdad de cualquier ingeniero— que de 2010 a esta parte la tasa de suicidios entre los jóvenes ha crecido en Estados Unidos, y asocia su crecimiento al uso y abuso de las redes sociales. El mismo investigador podría haber demostrado con gráficos que los jóvenes se deprimen más porque leen menos. O que tienen más tendencias suicidas porque llevamos demasiado tiempo sin una guerra mundial que anime el cotarro. Y se hubiera quedado tan ancho. Y nos podría haber convencido si los gráficos fueran lo suficientemente buenos.
Es un hecho. Hemos concedido a la tecnología el poder de la persuasión —hasta aquí nada nuevo—, y a los técnicos, el prestigio de explicarnos el mundo. Y esto último puede que resulte más peligroso que cualquier algoritmo. Si ven el documental, no hace falta que cierren sus redes al terminarlo, pero háganse el favor de abrir un libro. Sin duda, el gesto más seguro para el futuro de la humanidad.
Autora: Nuria Labari. Publicado en El País el 20 de septiembre de 2020.



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